La Batalla de las Mil Noches: Luz y Oscuridad - Mortalidad e Inmortalidad

domingo, 20 de noviembre de 2011

La Dama Misteriosa V

Los vampiros somos criaturas nocturnas. La luz del sol no nos mata como mucha gente cree. Sólo nos hace vulnerables y durante el día, no podemos hacer uso de la mayor parte de nuestros poderes. Por lo general, nos aletargamos hasta que llegué el anochecer. Y fue eso lo que hice. Dormí, dormí a lado del precioso cuerpo de mi primera víctima. Sin embargo, estando en ese estado, podía escuchar a las personas que pasaban cerca de la fosa en donde nos encontrabamos. Oculto bajo ramas y tierra húmeda, los sonidos del bosque llegaban a mis oídos.

En eso, oigo hablar a dos ancianos. Uno de ellos le decía al otro que el lugar estaba maldito. Muchas personas habían desaparecido. Hombres, mujeres y niños por igual. Y también, que una dama vestida de negro merodeaba sola por el bosque a altas horas de la noche. El otro, se mantenía escéptico. Para él todo era más que puras supersticiones. No creía en tales cosas. El primero mencionaba palabras como: vampiro, nosferatu, upyr, bruja, muertos que se levantan de sus tumbas y mujer con ojos como el cielo. Aquello último me despertó. Recordé a la dama misteriosa.

Sabía que no podía hacer más que quedarme donde estaba. Porque si me veían, se asustarían. Y quizás los rayos del sol me lastimarían, pero no me aniquilarían. Permanecí oyendo su conversación. Hablaban de que hace unos días un pueblo fue arrasado por el consumo, la mayoría de sus habitantes habían muerto por causa de esa peste y muy pocos fueron los sobrevivientes. Era mi pueblo, lo sabía. La culpa se lo atribuían a una extranjera que llegó al lugar hace como unos dos meses, aproximadamente. Hermosa y misteriosa. Capaz de hacer que los hombres cedieran a sus caprichos. La mujer no decía nada, no se juntaba con nadie, vestía de luto, con manos enguantadas y tenía los ojos como el cielo. Se trataba de mi dama misteriosa, la que me hizo. Estaba seguro.

Un joven apuesto llegó al sitio montado sobre su caballo. Le preguntó a los ancianos que hacen charlando por el bosque y cerca de una fosa, donde lo más seguro es que encuentren cadáveres. Eso eramos nosotros dos.

-¿Qué hacen dos viejos platicando cerca de una fosa en este bosque maldito? Dicen que está encantado y que una mujer hermosa vaga en busca de marido jajaja.

-No te rías, muchacho. Que esto es serio. -era el anciano que sabía mucho- La mujer de la que todos temen, aparece sólo de noche. Porque es una vampira.

-¿Vampira?-el joven se reía-Esperas que crea en eso, ¿verdad?

-No es ninguna broma como para que te rías, muchacho. Esa mujer es hermosa pero espeluznante. Sería capaz de beber tú sangre y matarte. Un joven como tú, es una buena presa para ella.

El otro anciano no decía nada y se disponía a subirse a la carreta en la cual habían venido los dos. Cuando el joven un tanto molesto por lo que escuchó por parte del viejo, decide desenvainar su espada. Lo rodea y le dice:

-Sí esa vampira, bruja o lo que sea aparece. Le cortaré la cabeza con mi espada. Pero no es a eso a lo que vengo a este estúpido bosque, ni mucho menos pretendo esperar a que sea de noche para cazarla o algo así. Sólo busco a mi prometida. Tiene el cabello castaño y lacio, la piel blanca y parece un ángel. Se llama Lourdes.

Lourdes, ese era el nombre de la muchacha que se encontraba en la carroza, la que me lastimó con una daga, a la que cacé y mordí, y la que ahora estaba muerta a lado mío.

-Philip, alguien más viene. Vamos, súbete a la carreta y vámonos ya.-era el anciano escéptico quién quería marcharse.

Llegan al lugar otros dos jóvenes montados sobre sus caballos. Venían de otra dirección. Uno de ellos, el más grande descendió y se dirigió donde estaba el muchacho con la espada desenfundada. El otro permanecía cerca y sin emitir una sola palabra.

-Edward, no te alteres. Ya la encontraremos. A mi hermana no le pudo haber pasado algo malo, estoy seguro. Guarda esa espada. Ahora.

-No la pudimos encontrar.-decía el más joven de los tres mientras bajaba de su corcel.

El anciano les dijo que si la muchacha estuvo perdida desde la noche anterior, era muy poco probable que la encontrasen de nuevo con vida. La noche tiene sus misterios que deben ser respetados y temidos por los mortales. Y si ella profanó los territorios del mal, la muerte es lo que seguramente encontraría. Tenía razón, ella estaba muerta. No había nada que los tres hombres pudieran hacer, aún si la hallasen, ya fue víctima del ataque de un vampiro.

-Pobres y miserables mortales. Acabo de arrebatarles lo que más amaban en este mundo.





martes, 8 de noviembre de 2011

La Dama Misteriosa IV


El ritual de la sangre, así lo llamaba yo. Aquello fue tan excitante, que deseaba que continuara bebiendo de mi sangre y no terminara nunca. Sin embargo, sentía que esa fuerza sobrenatural que poseía, se empezaba a desvanecer, lentamente. Parecía como si me absorbieran toda la vitalidad de mi ser.  Lourdes estaba a punto de dejarme vacío.


- ¡Suéltame!-le dije con voz suave y agonizante. Después con ira- ¡Te he dicho que me sueltes!- la jale del pelo con furia porque percibía la leve sensación de que quería deshacerse de mí de esa manera, chupando toda la sangre que pudiera con lo que le restaba de fuerzas.

Detuve la transferencia de mi sangre vampírica a su ya inútil cuerpo mortal. La dejé caer de mis brazos a la tierra húmeda. Estaba muriendo. Lanzó un grito horrendo. Levantó su mano en dirección a mi rostro. Se retorció y dio su último suspiro de vida. Cerró sus ojos. Y murió.

Espere y espere. Nada. Yacía inmóvil delante de mí. Incluso me coloqué encima suyo mientras la herida que me hice en la muñeca con el propósito de alimentarla, había cicatrizado y desaparecido completamente. Entonces tomé la daga plateada que llevaba escondido en un pañuelo, me corté en un dedo y gotas de sangre caían sobre sus labios. Pero nada; jamás despertó.

Por extraño que parezca sabía que el amanecer estaba cerca. Tal vez por instinto o por inercia empecé a cavar  con mis propias manos una fosa más grande. Fui por unos arbustos, ramas y flores que se encontraban a mí alrededor. Las mezclé con tierra y luego las puse sobre ella, cubriéndola como si fuera un manto mortuorio. Al poco rato, me dispuse a hacer lo mismo. Me acosté a su lado y la veía fijamente sumida en el mundo de los sueños eternos de Morfeo. Aún muerta, su belleza era impecable. La musa de los poetas, la sirena de los marinos y la princesa de los cuentos de hadas, permanecía tiesa en el tétrico silencio de la noche. Ni la muerte había podido arrebatar la hermosura de aquel rostro angelical.

- Bestia...monstruo... demonio. ¿Cómo pude quitarle la vida a una mujer en la flor de su juventud? Tan bella, tan noble, tan llena de sueños, tan...



Y ocurrió eso qué jamás olvidaré. Lloré, lloré y lloré tan amargamente que mis lágrimas no eran comunes, o por lo menos, no igual a las de un mortal. Lloré por la muchacha a quién había matado. Lloré por la vida que dejé atrás. Lloré por aquellos a quienes habría de lastimar. Lloré lágrimas de sangre.


martes, 1 de noviembre de 2011

El regalo de Belu 27/06/11






Un lunes 27 de junio del 2011, compartíamos uno de los momentos más felices, en la sala de radio. Conmemorando un año más de nuestra tan querida amiga y compañera: Belén Irazusta.



Belu, Anahí, Edgar, Julio, Lili, Flavia,
Ángel, Yessi, Paty, José, Messina,
Sole y Luli
Foto: Joel Venialgo

Tu! mi amiga!, eres 
como los bellos girasoles
y las flores que reflejan al sol
porque iluminas mi dia
con tus consejos que me inspiran
 porque siempre buscas
alejar mi tristeza
con una broma
con una sonrisa
con un gesto de: "No seas débil"
tu eres fuerte!
yo lo se!
...me dices!

Y tu amistad la atesoro
en cada silencio
en mi camino hacia
cada dia que enfrento.



Fragmento de un poema de Stephani Jan