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| Clara |
Tal vez no parezca extraño. Pero el hecho estuvo en que
aquella jovencita lo cautivó de inmediato. Habría tenido como unos trece años
apróximadamente. Rubia y de tez muy fina, con ojos de color verde y en la flor
de la inocencia.
-¡Clara, hija mía! Deja ese vestido y vete a la cama. Ya es
muy tarde.-se escuchaba de fondo la voz de la madre.
-¡Ya voy mamá! Sólo quiero terminar de coser el vestido que
me rompió mi hermana. Te prometo que apenas termine, me voy a la cama.
Mientras la niña permanecía ocupada en lo que hacía. Un ventarrón
abrió las persianas de la habitación. Clara se asustó y se cortó con la aguja.
Y detrás de ella apareció el vampiro que hace unos momentos la miraba desde afuera.
-¡Clara, así te llamas!-con voz susurrante-Permíteme que te
cure esa herida. No temas. Sólo soy un amigo.
Permaneció inmóvil y con el rostro empalidecido por el
miedo. La criatura tomó su mano y empezó a beber del lugar de donde brotaba la
sangre.
-¡Auh! Mi dedo...me duele. ¿Quién eres?
-Ya te lo dije. Soy un amigo. Me llamo Gabriel.
-¿Sólo Gabriel?
-Gabriel Lestrat. Y soy un vampiro.
Dejó de beber la sangre de la herida de su dedo. Le agarró
desde la cintura hasta la cabeza y le mordió en el cuello. La niña lanzó un
grito con todas sus fuerzas. La madre entró al cuarto y tal fue su sorpresa al
ver que su hija era elevada hacia el
techo por aquel demonio. Entonces Gabriel la dejó caer lánguida en sus brazos.
-Déjeme decirle que pienso llevar a su hija conmigo. Pero no ahora, sino dentro de unos años. Cuando su cuerpo y mente de mujer estén
completas. Su sangre me ha alimentado bien. Y ya tiene mi marca, por lo tanto
ella no será de ningún hombre o de otro de mi especie. Sólo su hija Clara sabe
quién soy y qué soy. Si usted le pregunta algo sobre mí, dese por muerta y a
toda su familia.
-¿Para que la quiere, señor? Clara es una niña buena y
pura...
-La quiero para mi esposa. Para no estar sólo en este mundo
maldito y lleno de hipócritas. Hará lo que le ordené. No le preguntará nada de
lo que pasó esta noche. Negará que otros hombres la cortejen. Y cuando
sea el momento, vendré por ella.
La mujer se puso a llorar del terror que Gabriel imponía en sus palabras. Pensar que su propia hija sería vendida a un demonio es algo
abominable. El vampiro la colocó sobre la cama. Clara permanecía dormida con la
marca en su cuello del cual aún fluía un poco de sangre. El cual desapareció
una vez que él la tocó por última vez.
-¿Porqué hace esto? ¿Qué mal hicimos para merecer esto? -la
madre se arrodilló delante de Gabriel pidiendo clemencia- Misericordia, no haga
eso. No se la quiera llevar de mí.
-Yo hago lo que se me plazca. Debe sentirse feliz de que
ella será hermosa y joven para siempre. La elegí porque tiene algo que las
demás a quienes he matado luego de beber de ellas no tienen. Después de todo ya
le revelé a su hija mi secreto y según nuestras leyes, ella no puede permanecer con vida luego de
escucharlo. Por esa razón, no pienso decirle nada más a usted o tendría que
matarla ahora mismo y así no me serviría para cuidarla.
La madre tomó una tijera que estaba en el cajón de un mueble
cercano. Lo clavó contra el pecho del vampiro. Y éste la empujó a un costado.
- Dios te castigará por esto. ¡Lárgate demonio!
-¡Dios ya me castigo haciéndome lo que soy! No la molestaré
más pero regresaré por ella. Y no piense que podrán escapar a un lugar lejos,
porque las encontraré. Ya debo irme, me están esperando.
Gabriel desapareció. La niña despertó a la mañana siguiente y
no recordó nada de lo sucedido. Los años transcurrieron y Clara ya se había
vuelto toda una mujer. Durante todo ese tiempo, aquel vampiro no volvió a pisar
suelo francés.




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