La Batalla de las Mil Noches: Luz y Oscuridad - Mortalidad e Inmortalidad

jueves, 26 de enero de 2012

Vampiros Femeninos

A lo largo de los tiempos y en numerosas culturas, la creencia en vampiros se ha hecho presente. Se dice que su verdadero poder radica en que nadie cree en ellos. Seres que se alimentan de la sangre de los vivos para sobrevivir y bestias que tienen la habilidad de adquirir formas humanas. Y entre ellas, está la femenina.

Hermosas, voluptuosas, sensuales y encantadoras. Pero también aterradoras, poderosas y excitantes.

Lord Drácoel les presenta un material proveniente del reino de las sombras sobre 25 vampiros femeninos. Disfrútenlo.




domingo, 8 de enero de 2012

La Dama Misteriosa X

La busqué durante las tres noches siguientes. Nadie en el pueblo la había visto. Recorrí los callejones, bares y burdeles. E incluso solía visitar la tumba de Louis cada tanto por si Lourdes se apareciese allí. En éste último lugar, recuerdo haber sentido la sensación de que alguien me observaba. 

Apenas me levanté de mi féretro, dejé la torre y me dirigí al pueblo. Aquella noche me alimenté de una jovencita vendedora de flores. Era tan hermosa, rubia y de ojos claros, que no pude resistirme. Habría tenido como unos dieciséis años, más o menos. Una vez satisfecho, hice lo que todo poseedor del don oscuro debe hacer: matar a su víctima para que ésta no revele lo ocurrido, ni diga a otros que fue atacada por un vampiro. Pues según las reglas arcanas de los vampiros, ningún mortal que es mordido por uno de los nuestros, aunque sea solamente con el fin de saciar la sed de sangre con unas pequeñas gotas, debe sobrevivir. Ya que se corre el riesgo de ser descubiertos.

La dama misteriosa me había dicho que tuviera cuidado cuando eligiera a mi presa y bebiera de su sangre. Por nada del mundo debía dejar a una con vida, salvo que desease convertirla en uno de nosotros, con las de la ley de los vampiros.

Una vez que terminé de alimentarme y deshacerme de la muchacha, decidí empezar mi búsqueda. Me sentía como un padre desesperado, buscando a su hija perdida.  En cierta parte, así lo era.  No tuve éxito.  La siguiente noche, tampoco. Entonces entré a un burdel y le pregunté a los jóvenes mozos que acudían a la casa de citas si vieron a una mujer joven, de cabello castaño, largo y lacio y con el rostro parecido a un ángel.

-Aquí todas tienen el rostro de un ángel. Y no solamente eso la tienen como un ángel. Créeme. De hecho, esto es el paraíso. ¡Estamos en el cielo!

Fue la respuesta de uno de ellos. Y hubo otro, un hombre mayor que también me respondió, mientras ponía sus manos sobre los pechos de una de las cortesanas. Luego las apretó con la intención de que yo también me uniera a su orgía.

-¡Aquí tienes buenos y enormes pechos de un ángel, muchacho! ¿Por qué no eliges a una? Tienes varios moldes y tamaños para elegir aquí. Sino, puedes unirte con nosotros. ¿No lo crees así, amor?

-Me parece una gran idea. Aunque pensándolo bien. Tú eres más atractivo que éste que ha pagado ya por mis servicios. –la mujer se acercaba cada vez más a mí,  con sus pechos abiertos y pasándose sus manos sobre ellos para seducirme-Tal vez tengas más monedas de las que él me dio. ¿Por qué no me tomas y dejamos a éste ebrio con las feas? Vamos a la habitación.

 Era la primera vez que una mujer me proponía para fornicar con ella. Una lástima que mi nueva naturaleza me lo impedía, en parte, pues no quería que en pleno acto, mis ansias por matar y beber de su sangre aparecieran. Le tuve que decir que no. Tenía que encontrar a Lourdes. Además, sabía que no podía haber ido muy lejos. Tarde o temprano la encontraría.  

Fue hermoso ver a tantas mujeres bellas y voluptuosas en ese lugar. Tenía ganas de elegir a una como amante, pero me abstuve de aquella tonta idea. Mi estadía allí no fue del todo fructífera. Sin embargo; escuché de boca de una de las chicas, un rumor. Decía que vieron a un joven  desaparecer misteriosamente entre la niebla.  Iba paseándose sobre su caballo, normalmente, cuando de pronto, apareció una mujer joven montada sobre otro caballo. Se dice que él la siguió, hasta que ambos se esfumaron como vapor…

Aquel rumor hacía referencia a Frederick, quién el día anterior había recibido una carta, en dónde dicha presencia femenina solicitaba hablar con él, a altas horas de la noche. El muy tonto enamorado acudió a la cita, en el lugar fijado. Lo mismo ocurrió en el día siguiente y en el siguiente.

 Finalmente, pasaron tres noches. Y yo estaba igual que esas noches, clavado a los pies de la tumba del que alguna vez fuera el hermano protector de mi progenie. Como dije antes, sentía que alguien más estaba ahí, vigilándome o asechándome. Esa vez la vi. O quizás, me permitió que la viera. Cubierta con una capa negra que se camuflaba en las sombras, el rostro blanco pero fuerte, los ojos vivos y fijos. Lourdes se presentó ante mí.