La Batalla de las Mil Noches: Luz y Oscuridad - Mortalidad e Inmortalidad

viernes, 27 de abril de 2012

La Dama Misteriosa XIII

Los vampiros Darren y Lourdes en la Torre Negra

De alguna manera, Lourdes me recordaba a la mujer que yo amaba cuando era mortal. Por un momento no veía al ser demoníaco que había creado sino a la joven a quien hace unos meses atrás le prometí amor eterno. ¡Qué estúpido! ¿Por qué el hombre siempre promete lo que no puede cumplir? Además, ¿por qué veía a Anna en Lourdes? Ambas eran completamente distintas. Las conocí y las vi morir a cada una en circunstancias desiguales. Una murió amándome y la otra, odiándome cuando empecé a ejercer recién los poderes de las sombras.

Lourdes parecía ensimismada en sus propios pensamientos. Permaneció callada durante un largo rato al igual que yo. No podía leer su mente por más que quise. Llevé mis brazos hacía ella y también la abracé, quizás no de la misma forma, pues tenía mis dudas. Pensé que tal vez se tratase de una trampa. Aprovecharía un estado de debilidad mía para clavarme sus colmillos o desgarrarme el corazón. Pero no fue así. Después de estar en silencio por un buen tiempo y sin soltarnos el uno del otro, Lourdes me pidió un favor. Quería que le trajera de vuelta a su hermano Louis. No como humano, sino como vampiro.

- Eres el único que puede devolverme a mi hermano. Hazlo y seré tuya. ¿No es eso lo que quieres?

- No sabes lo que estas pidiendo. Además, no puedo hacerlo con un cuerpo que ya lleva muerto más de tres días. Cuando te hice no habías muerto todavía.

- ¿Cómo me hiciste? - Lourdes se apartó de mí y sus ojos estaban llenos de ira-¿Me mataste como lo hacen los tuyos? Me mordiste, bebiste de mi sangre y luego. . .

- Luego te di de beber de mi sangre.

Cuando le dije que fue mi sangre la que la transformó, su rostro cambió. Parecía contener un odio tremendo hacía mí, estaba lista para atacarme, sin embargo me percaté que se contenía en hacerlo. Continué.

-No sé porque lo hice. Tal vez porque te pareces mucho a Anna, una mujer que fue mi prometida y a quien amé más que a mi propia vida. Debo confesarte que tú fuiste la primera mortal de quién me alimente. Yo también fui procreado. Perdiste mucha sangre, estabas a punto de morir y en eso, escucho la voz de la que me hizo vampiro. Me dijo que te diera de beber de mi sangre y sólo así te salvaría. El resto es como sigue. Si hay alguien a quien debes odiar, es a mí. Yo te convertí para no estar sólo, para tener a alguien a mi lado. Soy el único culpable de que seas lo que eres ahora y de que hayas matado a esas personas  inocentes en el bosque, incluyendo a tú propio hermano.

Lourdes estalló en cólera, lanzó un gritó estridente que abarcó toda la habitación. Los cristales de las ventanas de la torre negra se agrietaron. Un viento fuerte sopló por todo el lugar. Ella caminó hasta donde se encontraba una cama de esas de terciopelo antiguo, se colocó allí en dónde noté que había algo cubierto por una sábana blanca. Aquello expedía un olor a cadáver y humedad. Recuerdo que no solía usarla, pues mi naturaleza de vampiro me obligaba a dormir en féretros, por eso casi no me extrañó que hubiera algo, ya que aquello era para mí como una mera decoración del cuarto. En un arrebato reveló el cuerpo de Louis que había sido removido de su tumba.

- Desenterré y traje el cuerpo de mi hermano Louis porque tenía esperanzas de que lo hicieras como yo. Por lo visto fue en vano. Ya no me sirve.

-¿Qué harás con ese cuerpo?

- Lo qué tenía pensado hacer para poner fin a todo esto. Los Westraat somos también una familia de cazadores, así que sé como acabar con los tuyos o mejor dicho, con los nuestros.

Tomó el brazo del difunto y empezó a beber de la sangre muerta. El rostro de Lourdes se tornó de un color grisáceo bastante fuerte, su cuerpo parecía encogerte y su cabello iba perdiendo su brillo de una manera acelerada. Pronto todo su aspecto cambió.

- ¿Así es como piensas terminar con tú existencia? Utilizas el cadáver de tu hermano muerto para quitarte esa vida nueva que yo te he dado. ¡Qué bajo has caído! ¡Suéltalo! Puedo ver en tus ojos aún ese deseo de beber sangre viva.

Extendí mi brazo, me hice un corte en las venas y ella se detuvo. Tenía la cara demacrada. En un abrir y cerrar de ojos, se arrojó hacia mí y comenzó a beber de mi sangre. Sentía una excitación tan grande que fue capaz de generar un sonido que sólo los vampiros podemos entender. Entonces la vi. Quizás atraída por ese sonido infernal, la dama misteriosa se presentó ante nosotros.













lunes, 2 de abril de 2012

La Dama Misteriosa XII

Hacía varias noches que fuí convertido y lo único que sabía de la vampira que me transformó, provenía de boca de los pobladores de la región. La llamaban la dama misteriosa. Cuyo nombre le sentaba muy bien. Fue así como se presentó ante mí, en una mañana nublada y solitaria. Me dijo que calmaría mi dolor y me daría la oportunidad de vencer a la muerte, además de ser suyo para toda la eternidad.

 Apenas escuchamos el paso de personas acercándose y vimos sus sombras en las paredes con sus antorchas y palas en mano, nos dispersamos. Yo me escondí sigilosamente en la oscuridad de un callejón, mientras ella ya había desaparecido totalmente de mi vista. Aquellos que llegaron al lugar quedaron aterrados al ver el cuerpo de Frederick, casi sin vida. Entre ellos estaba Edward, quien se encargo de apaciguar el pánico en los hombres.

- Mantengamos la calma. Aún está vivo. Debemos cargarlo y llevarlo a la casa de los Westraat. ¡Rápido, ayúdenme!-lo cargó en sus brazos y con la ayuda de los otros hombres lo pusieron en una carreta que transportaba paja. Estando ahí con él observaron unas marcas en su cuello. Lo cual volvió a alterarlos.

-¡Esas marcas en su cuello indican que fue atacado por un vampiro!-dijo uno.

-¡Tiene la marca del demonio! Tenemos que matarlo ahora antes de que se convierta en uno de ellos y nos mate  a todos.-dijo otro.

Edward no dejó que nadie le hiciera algo. De hecho se mantuvo firme en su posición de llevarlo a otro sitio, en dónde se recuperara pronto. De inmediato, se colocó a su lado y le ordenó al conductor que se pusiera en marcha. Recibió varios golpes por parte de esos hombres, que en su desesperación, lo acusaban a él de ayudar al mal. Pése a ser un tipo arrogante y que no me caía nada bien, demostró ser un buen amigo al salvarlo de aquellos que querían quemarlo.

Después de mi primer encuentro con Lourdes, decidí que era momento de continuar con mi búsqueda de la dama misteriosa. 

-Tal vez ella me aclare algunas dudas. Por sobre todo, porque me eligió a mí. Hay tantas cosas e incógnitas que quiero saber sobre los vampiros. ¿Quienes somos?, ¿qué somos?, ¿porque somos capaces de quitar la vida a un mortal y dársela otra nueva? ¿Somos eternos por completo o sólo en parte?

Esas interrogantes y otras más circulaban por mi mente la noche siguiente, la siguiente y la siguiente. Y fue en una de esas, cuando estaba en mi torre, que recibí la visita de Lourdes. No me lo esperaba.

Vestida con un corsé que resaltaba esos bellos atributos llamados senos. Con el hombro y el cuello al descubierto y con una actitud libidinosa que excitaría a cualquier mortal que se encontrase con ella, sin saber el sangriento destino que le deparase al ser víctima de su beso fatal. Tenía el pelo brillante, los ojos vivos, la cutis blanca, los labios rojos. Era la mujer, la mejor obra de la creación en toda la plenitud de su juventud y belleza quien se acercaba cada vez más a mí. 

-¿Cómo me encontraste? No cabe duda de que te has alimentado bien antes de venir aquí. ¿Quieres que peleemos como la última vez? Ya veo. Te hiciste más fuerte para desafiarme y acabar conmigo. Ya que no pude hacerlo yo, tal vez tú lo hagas conmigo ahora...

Lourdes hizo algo que me sorprendió bastante. Extendió sus brazos y arrojándose hacia mí, me abrazó fuertemente. La última vez que recibí un abrazo así, con esa intensidad, fue de mi Anna, antes de que la muerte me la arrebatase de mi lado.