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| Los vampiros Darren y Lourdes en la Torre Negra |
De alguna manera, Lourdes me recordaba a la mujer que yo amaba cuando era mortal. Por un momento no veía al ser demoníaco que había creado sino a la joven a quien hace unos meses atrás le prometí amor eterno. ¡Qué estúpido! ¿Por qué el hombre siempre promete lo que no puede cumplir? Además, ¿por qué veía a Anna en Lourdes? Ambas eran completamente distintas. Las conocí y las vi morir a cada una en circunstancias desiguales. Una murió amándome y la otra, odiándome cuando empecé a ejercer recién los poderes de las sombras.
Lourdes parecía ensimismada en sus propios pensamientos.
Permaneció callada durante un largo rato al igual que yo. No podía leer su
mente por más que quise. Llevé mis brazos hacía ella y también la abracé,
quizás no de la misma forma, pues tenía mis dudas. Pensé que tal vez se tratase
de una trampa. Aprovecharía un estado de debilidad mía para clavarme sus
colmillos o desgarrarme el corazón. Pero no fue así. Después de estar en
silencio por un buen tiempo y sin soltarnos el uno del otro, Lourdes me pidió
un favor. Quería que le trajera de vuelta a su hermano Louis. No como humano,
sino como vampiro.
- Eres el único que puede devolverme a mi hermano. Hazlo y
seré tuya. ¿No es eso lo que quieres?
- No sabes lo que estas pidiendo. Además, no puedo hacerlo
con un cuerpo que ya lleva muerto más de tres días. Cuando te hice no habías
muerto todavía.
- ¿Cómo me hiciste? - Lourdes se apartó de mí y sus ojos
estaban llenos de ira-¿Me mataste como lo hacen los tuyos? Me mordiste, bebiste
de mi sangre y luego. . .
- Luego te di de beber de mi sangre.
Cuando le dije que fue mi sangre la que la transformó, su
rostro cambió. Parecía contener un odio tremendo hacía mí, estaba lista para
atacarme, sin embargo me percaté que se contenía en hacerlo. Continué.
-No sé porque lo hice. Tal vez porque te pareces mucho a
Anna, una mujer que fue mi prometida y a quien amé más que a mi propia vida.
Debo confesarte que tú fuiste la primera mortal de quién me alimente. Yo también
fui procreado. Perdiste mucha sangre, estabas a punto de morir y en eso,
escucho la voz de la que me hizo vampiro. Me dijo que te diera de beber de mi
sangre y sólo así te salvaría. El resto es como sigue. Si hay alguien a quien
debes odiar, es a mí. Yo te convertí para no estar sólo, para tener a alguien a
mi lado. Soy el único culpable de que seas lo que eres ahora y de que hayas
matado a esas personas inocentes en el
bosque, incluyendo a tú propio hermano.
- Desenterré y traje el cuerpo de mi hermano Louis porque
tenía esperanzas de que lo hicieras como yo. Por lo visto fue en vano. Ya no me
sirve.
-¿Qué harás con ese cuerpo?
- Lo qué tenía pensado hacer para poner fin a todo esto. Los
Westraat somos también una familia de cazadores, así que sé como acabar con los
tuyos o mejor dicho, con los nuestros.
Tomó el brazo del difunto y empezó a beber de la sangre
muerta. El rostro de Lourdes se tornó de un color grisáceo bastante fuerte, su
cuerpo parecía encogerte y su cabello iba perdiendo su brillo de una manera
acelerada. Pronto todo su aspecto cambió.
- ¿Así es como piensas terminar con tú existencia? Utilizas
el cadáver de tu hermano muerto para quitarte esa vida nueva que yo te he dado.
¡Qué bajo has caído! ¡Suéltalo! Puedo ver en tus ojos aún ese deseo de beber
sangre viva.
Extendí mi brazo, me hice un corte en las venas y ella se
detuvo. Tenía la cara demacrada. En un abrir y cerrar de ojos, se arrojó hacia
mí y comenzó a beber de mi sangre. Sentía una excitación tan grande que fue
capaz de generar un sonido que sólo los vampiros podemos entender. Entonces la vi.
Quizás atraída por ese sonido infernal, la dama misteriosa se presentó ante
nosotros.


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