La Batalla de las Mil Noches: Luz y Oscuridad - Mortalidad e Inmortalidad

sábado, 16 de febrero de 2013

Sangres Gemelas IV


La ríqueza y el poder era lo que más le llamaba la atención al vampiro Alyster

Tras los recuerdos de un pasado no olvidado; Alyster había regresado al baile de máscaras, mientras que Gabriel se encargaba de la cruenta labor de quemar y arrojar los cuerpos de sus dos recientes víctimas al río. Lo realizaba abordo de una de esas góndolas venecianas, sin que antes, los cadáveres fuesen embalsamados y atados  por una de esas gruesas cadenas  de hierro y con una roca encima, lo cual servía para que los mismos se hundieran con mayor facilidad en el momento de caer al agua. Para éste vampiro, se trataba nada más que de uno de varios métodos de siglos para mantener oculto sus más horrendos crímenes.

 El otro gemelo era un cazador nato e insaciable. Apenas Gabriel volvió al baile, ya vio a su hermano otorgándole el fatídico beso de la muerte a una jovencita. Fue en la alcoba del anfitrión donde puso fin a otra inocente vida. Era la última de esa noche.
 
- Bueno, ella  fue la última por esta noche. ¡Ah, Gabriel! Bebe lo casi poco de sangre que te dejé, si es que hay aún.

Alyster se limpiaba con un paño la boca mientras decía esas cosas. Luego se quitó el antifaz y miró extasiado la habitación. Sin duda, el lujo lo maravillaba.

-¡Maravilloso! ¿No lo crees, Gabriel?  Éste Conde Dí Boggino tiene buen gusto. 

Aquello fue alusivo a todo lo que había en el cuarto, desde los retratos y el techo hasta la seda de los mantos y la cama. La riqueza y el poder era lo que más le llamaba la atención al vampiro Alyster.

Entonces Gabriel cubrió el cuerpo de la niña con unas sábanas finas de terciopelo. Fue cuando la cargó entre sus brazos y acercó su rostro al de él, que no pudo evitar decir un nombre que de inmediato captó la atención de su hermano.

-¡Clara!... La llamaste Clara. ¿No era acaso ese el nombre de aquella novia  tuya que intentaste convertirla en una de los nuestros?

Gabriel no dijo nada. Sólo salió de la habitación y cruzando el salón sin que nadie se percatase de su presencia o de lo que llevaba consigo, partió hasta el jardín. En cambio, Alyster prefirió quedarse a entablar conversación con alguno de los presentes en la fiesta, para que todo pareciera normal. 

Un rato después, viene llegando uno de los sirvientes del Conde con el rostro pálido como si hubiese visto una aparición. El mismo buscaba con desesperación a su amo para comunicarle algo que había visto, lo cual hizo que el vampiro saliera por la puerta de atrás que daba hacia el patio del palacio. Cuando llegó al jardín, vio a su hermano terminando de enterrar a la niña de hace unos momentos. Le preguntó si no se había dado cuenta de que alguien lo vio cavando y sepultándola. Gabriel le respondió que no. A lo que Alyster inquirió:

-Será mejor que nos vayamos a la finca ahora mismo. Uno de los sirvientes te vio, pues en cuanto vi su rostro aterrado, leí su mente y estabas en él. Enterrando a ésta muchacha. No quiero tener que enfrentármelas con el Conde aquí. Ya que nos puede servir.

Ambos vampiros gemelos desaparecieron entre la niebla como si fueran parte de ella. Mientras que a lo lejos se veía al Conde y a su sirviente llegar corriendo y con pistolas en mano al lugar. El último empezó a sacar  con sus manos la tierra que no estaba bien cubierta y tal fue la estupefacción de ambos al ver parte de la cabeza desenterrada de la joven a quien los chupasangres habían dado muerte y sepultura. El noble disparó al cielo y cayó de rodillas ante quien en vida fuera su hija.

Al oeste, casi en las afueras de Venecia, una finca abandonada era el refugio temporal de los dos asesinos. Una vez allí, a Gabriel parecía inquietarle algo que había dicho su hermano, ante lo cual decidió preguntar.

-Alyster quiero que me respondas algo. ¿A qué te referías con "ya que nos puede servir"?

-¿Enserio lo quieres saber, Gabriel?

Alyster sonrió. Los ojos de Gabriel se mantenían fijos a él. Un largo silencio se apodero de la escena. La sonrisa burlona y la mirada maquiavélica de Alyster solo podían significar que tenía un plan entre manos. ¿De qué se trataría esta vez?

sábado, 2 de febrero de 2013

Sangres Gemelas III



Clara ya no era la niña que le había cautivado hace unos años sino una bella mujer
Transcurrieron siete largos años para que Gabriel regresara a reclamar a su supuesta prometida. La madre de Clara ya había fijado su casamiento con un joven apuesto y de familia acaudalada. Se olvidó de las palabras amenazadoras del vampiro que las visitó en una noche de invierno.

Por supuesto, que todo ello llegó a oídos de Gabriel, quién en esos momentos estaba de paso por París. Averiguó que durante todo ese tiempo, la madre la había estado prohibiendo salir e incluso a que la corteje algún buen mozo. Prácticamente la tuvo aislada de todo. Casi no salía de la casa. Y sí lo hacía, era para ir a la iglesia o a visitar a alguna de las pocas amistades que tenía. Para todos Clara estaba loca. E incluso les parecía una sorpresa que encontrara un muchacho que la desposase.

Gabriel invadido por la ira fue a visitar a Clara. Ella permanecía dormida en su cuarto. Ya no era la niña que le había cautivado hace unos años sino una bella mujer que ante todo llevaba una vida de la más tranquila.  Abrió los ojos y tal fue su sorpresa al verlo a través de las cortinas.

-¿Estás vivo o muerto?

Fueron sus primeras palabras, bastante temerosas. A lo cual Gabriel respondió:

-Ambas cosas. ¿Es esto lo que los mortales llaman crecimiento? Ya no eres más una niña, sino toda una mujer.

El vampiro extendió un brazo como intentando traspasar la cortina y tomarla a ella. Clara retrocedía pero a la vez se sentía atraída por aquél ser que irrumpió en su habitación.

-¿Te conozco? Siento que sé quién eres. Pero no sé.

-Es natural que hayas olvidado lo que pasó entre estas paredes. Eso fue hace. . . ¿cuánto?

-¡Siete años!-era la madre de Clara quien aparecía en la puerta.

-¡Mamá!- se levantó de la cama y cruzando por la cortina, corrió desesperada a los brazos de su madre-¿Lo conoces?

-Siete. Siete largos años. ¡Qué rápido transcurre el tiempo para algunos y lento para otros! ¿Acaso olvidaste que vendría a reclamar lo que por derecho es mío, mujer estúpida? ¿Crees que no sé qué la comprometiste con un hombre?

La habitación empezó a estremecerse como por una fuerza sobrenatural. Los candelabros caían al suelo. Un viento fuerte abrió las ventanas. Una furia incontenible rodeaba a aquel vampiro.

-¡Hice todo lo que ordenaste esa noche! Jamás le conté lo que pasó, ni sobre usted, ni sobre los suyos. No dejé que ningún hombre se le acercara.

-Madre, ¿de qué estás hablando?-Clara se sujetó fuerte del brazo de su madre- No lo entiendo.

-Lo que ves aquí no es un hombre, hija mía. Es un monstruo, un demonio, un vampiro. Él te hizo esa marca en el cuello cuando eras una niña. Me obligó a callar y a hacer todo lo que hice hasta ahora. Por tu bien, el mío y el de toda nuestra familia.

Clara se tomó del cuello y se dio cuenta que sangraba. Empezó a llorar. Gabriel tomó a la mujer del brazo y la puso contra el suelo.

-Suplica que no te mate. Porque es precisamente eso lo que haré ahora. ¡¿No sabes lo que significa?! Ya que sabes qué soy, no me queda de otra que matarte. Pero ella vendrá conmigo. Yo le enseñaré este mundo, su dolor y su gente.

-¡Detente! Deja a mi madre y yo... -Clara se aferró al brazo del vampiro con la intención de evitar que mate a su madre- Me iré con usted y por mi propia voluntad. Pero deje vivir a mi madre, se lo suplico.

Gabriel soltó a la mujer. Luego tomó a la muchacha y se la llevó con él. Después de esa noche, su familia nunca más volvió a saber de Clara.