La Batalla de las Mil Noches: Luz y Oscuridad - Mortalidad e Inmortalidad

jueves, 29 de septiembre de 2011

La Dama Misteriosa II

No recordaba con certeza lo que ocurrió. Era consciente de que me había desmayado, pero no sabía durante cuánto tiempo. Hacía unos momentos había escuchado las palabras de aquella dama que no alcanzé a comprenderlas de inmediato. Estaba sólo en un bosque, sin más compañía que la solemne presencia de la luna, que por cierto, la veía más hermosa y brillante que otras veces. 


Postrado en el suelo, sentí la corriente de un río, no muy lejos. Me levanté, caminé y caminé. Hasta que por fín, lo encontré. Sí, tenía razón. En medio del bosque se encontraba un río. Me acerqué para beber el agua, porque increíblemente tenía una sed casi insaciable, cuando me dí cuenta de algo extraño: mi imagen no se reflejaba. 

Lo peor de todo, es que no podía beber del río. Una fuerza extraña y misteriosa hacía que desistiera de esa idea. Entonces decidí salir de ese lugar. Tenía tanta sed que sólo un buen vino podría saciarla, eso pensaba.  Justo en ese instante, una carroza cruzaba por el sendero, el cochero me vío y forzó su látigo contra sus dos caballos. Llegué lo más rápido que pude para evitar que escapara. Los animales se inquietaron, mientras yo intentaba hablar con el hombre que caía asustado al suelo. 

-Tengo sed. Mucha sed. ¿No tendrás algo que pueda tomar?. Quizás un buen vino, sí. Eso me calmaría.

Extendí mi mano para levantarlo pero los caballos seguían relinchando. Parecía que no se detendrían y el hombre, nervioso, desenvainó su espada que tenía en la cintura y lo introdujo en mi pecho. Tal fue mi sorpresa, cuando me percaté que no sentía nada. La espada me había atravesado, sin embargo, seguía como si nada me hubiese pasado.

-Demonio!-fue lo que me dijo el pobre hombre que se puso a llorar de miedo.

-No entendió lo que le dije, ¿verdad?. Tengo sed y quiero un vino. -le dije mientras arrancaba con furia el arma de mi pecho.

La espada lo usé para cortar las amarras de los caballos. El hombre se levantó del suelo y huyó en dirección a los animales que habían escapado. Decidí entrar en la carroza y ví a una joven hermosa, de cabello castaño y lazio. Me recordó a mi amada que la muerte la apartó de mi lado. 

-Anna. -la miré fijamente- No eres mi Anna. Pero te pareces a ella, y mucho. ¿Cómo te llamas?

-Lourdes, y ¿tú quién eres? 

-No lo sé. No sé quién soy, ni qué soy. Sólo sé que tengo mucha sed.


La muchacha no tenía miedo. Todo lo contrario. Se dispuso a sacar de una canasta, una botella de vino y me la sirvió amablemente en una copa bañada en oro.

-Si no quieres decirme tú nombre, no me lo digas. Ten, bébelo. Te calmará. Escuché el alboroto de afuera. ¿Qué pasó con el cochero y los caballos?. Los caballos son de mi padre y se enojará si les sucede algo.

Agarré la copa con brusquedad, tomé el vino y luego lo escupí. La joven retrocedió en su asiento en dirección a la puerta. La sujeté del brazo y le dije que no me satisfacía el vino. Que estaba insípido. Y ví su cuello que me atrajo bastante. 

-Tal vez si dejaras que te dé un beso en el cuello, mi sed calme.

Estaba diciendo estúpideces. Podía ver claramente su sangre como hilos finos en sus venas. La joven sacó una daga con una insignia sagrada que llevaba escondida en su ancho vestido y lo incrustó en mi mano que la sostenía. Estaba hecha de un material raro  que me produjo una intensa quemadura. Escapó y quedé sólo. 

-Ahhhhhh!!!!! ¿Qué me pasa? No lo entiendo. Tengo tanta sed que no puedo pensar racionalmente. ¿Qué significa éste deseo de matar que estoy empezando a sentir hacia aquella joven que me ha herido?¿Porqué no puedo recordar mi nombre, pero sí recordé la de mi amada muerta? ¿Quién es esa dama misteriosa que apareció junto a mí en el cementerio? La encontraré y la obligaré a que me diga lo que me está pasando y en lo que me he convertido. Y lo más importante, quién soy realmente.


Continuará jajaja!!!!








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