La Batalla de las Mil Noches: Luz y Oscuridad - Mortalidad e Inmortalidad

jueves, 1 de diciembre de 2011

La Dama Misteriosa VI

Conocía a esos tres. Los había visto en la mente de aquella muchacha. Sabía quiénes eran. Edward, su prometido, Louis, su hermano mayor y Frederick, su amigo de la infancia. Todos hombres de bien y de buena familia. Ella por su parte, era la menor de cinco hermanos, de los cuales tres habían muerto por causas que no pude divisarlas en esa vorágine de recuerdos. De pronto, me encontré sumergido en un profundo sueño. Y lo último que escuché fue que no descansarían hasta hallarla, aún si eso implicaba buscarla durante toda la noche.

Desperté. Y tal fue mi asombro cuando vi que ya no estaba. Su cuerpo había desaparecido. Lo más extraño de todo es que la tierra fue removida, pero no desde afuera, sino desde adentro. ¿Es eso posible? De ser así, sólo existía una explicación. Así que decidí salir a buscarla.

La niebla trajo consigo a la primera víctima de la noche. Un hombre que cruzaba el sendero, llevaba consigo lo que parecía un objeto valioso envuelto con un trapo que estaba manchado de un color rojizo similar a la sangre. Sí, no estaba equivocado, era sangre y aquello que cargaba con dolor no era algo material, tenía vida. 

-Eso que cargas y no quieres soltar, ¿qué es? -le dije mientras permanecía oculto en la niebla.

El hombre estaba asustado, temblaba. Estaba aferrado a aquello en sus manos. Cayó al suelo.

-¿Qué quieres ahora? ¿No tuviste suficiente, monstruo?-el hombre se puso a llorar.

-¿Monstruo? No te entiendo, viajero. Crees que soy eso que dices porque no puedes verme en esta niebla. Bueno, dejaré que me veas.

-No te me acerques. -sacó de su bolsillo un crucifijo-¡Atrás!, ¡atrás demonio!

El crucifijo que tenía se le cayó de tanto que temblaba. No recuerdo bien si sentí algo al ver eso. Yo era católico cuando fui mortal. Lo cierto es que atravesé la niebla y me acerqué a él, tomé lo que escondía en esos trapos y no pude creer lo que mis manos tocaron.

-Lo que escondes, tuvo vida alguna vez. Lo sé. Pero no fui yo quien lo hizo. Fue otro igual a mí. ¡Dímelo!

-Mi hijo, era mi hijo. Apenas era un bebé y lo mató. -sucumbió en llanto. El pobre hombre perdió lo que más amaba. 

-¿Querías a tú hijo?

-Por supuesto que sí lo quería. Mucho. Mi esposa también....

-¿Qué le pasó a tú esposa? No me digas que ella también murió.

Ya no podía decir una sola palabra. Su mente y su cuerpo se encontraban entregados a la muerte. De rodillas, me súplicaba que lo mate. Y eso fue lo que hice. Me alimenté de su sangre y di fin a su sufrimiento. Sólo una cosa pasaba por mi mente. Encontrar a Lourdes y a la dama misteriosa.

Mientras extraía la vida del lánguido y triste viajero, una voz susurrante llegó a mis oídos. 

-Lo has hecho bien, esposo mío. Pero nuestra hija no es consciente de sus poderes vampíricos. Debes buscarla y detenerla. Hazlo, Darren!!!

Esa voz. Me resultó tan familiar. La dama misteriosa me habló en mis pensamientos  y pronunció mi nombre. Dijo mi nombre: Darren. Soy Darren. El vampiro Darren.









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