Aquel beso lascivo me ordenaba que hiciera algo que no quería. Destruir a quién di vida, a quién salvé de la muerte y a quién amaba. Todo eso significaba para mí. Debía hallarla primero. Antes de que la dama empezara a desconfiar de mí.
Durante todo el tiempo que aguardaba a que los dos jóvenes salieran de la taberna, mi progenitora permanecía a lado mío. Me dijo que ya no pertenecíamos al mundo de los vivos, tanto ella como yo estábamos muertos, pero muertos-vivos. Según cada región, teníamos varios nombres. Por lo general, nos llamaban vampiros. Nuestra imagen no se refleja en los espejos, ni en los ríos. Podemos leer la mente de los mortales, ver los recuerdos de sus vidas en un instante y lo más importante de todo, alimentarnos de su sangre. También, poseemos una fuerza y una velocidad sobrenatural que supera lo conocido por el hombre. La juventud eterna es nuestra más preciada condena.
Mientras me hablaba sobre otros que son como nosotros y las debilidades de nuestra especie, Edward y Frederick salían del lugar de tragos. De tan ebrios que estaban, no podían subir a los caballos. Entonces me hice pasar por un auriga y les dije que los llevaría hasta sus hogares sin cobrarles una sóla moneda. Los muchachos accedieron, mi dama ya había desaparecido y la noche silenciosa se prestaba para el más horrendo de los crímenes.
Ninguno de los dos entabló conversación alguna durante todo el camino. Me confortaba el hecho de que aquel que me confesó su amor hacia Lourdes, no me reconociera. Llevaba puesto una capa negra que me cubría casi todo el cuerpo, con un sombrero de pico más grande que mi cabeza y una de esas máscaras de carnaval al estilo veneciano. Sin embargo, mi extraña rudimentaria no parecía causarles algo raro a mis clientes, más aun considerando el estado etílico en la que se encontraban. Finalmente, luego de media hora de trayecto, llegamos a la casa. Se trataba de una de esas casas de familia pudiente, en dónde pude constatar su nivel económico al ver a la criada que los aguardaba en la puerta. La mujer tenía un aspecto cadavérico, me sorprendió que no fuese una de los nuestros. De cierto modo, me causaba un tipo de espanto.Bajé a los dos de la manera más cuidadosa que pude. La criada se me acercó bastante alterada. Algo desagradable había ocurrido y lo pude ver a través de sus ojos lacrimosos. Me metió un empujón y abrazó a los jóvenes que no entendían tanta exaltación al principio, después de un rato, sus rostros cambiaron radicalmente. Entonces, la tragedia se desató en aquella casa. Uno de los miembros de la familia murió. El hermano mayor de Lourdes fue asesinado.
Me limité a esperar a que las cosas se calmaran un poco más. Escuchaba perfectamente el llanto de las mujeres, los gritos de una madre desconsolada tras la partida de un hijo y la impotencia de los amigos que se reflejaba con un golpe de puño contra la pared. El cuerpo de Louis yacía sin vida sobre la cama de su pequeña hermana, a quién quería y protegía tanto. Los que lo vieron por última vez, dijeron que estaba tan feliz porque Lourdes regresó, que apenas se enteró de ello, salió a las calles y le compro un regalo. A la vuelta, subió a su alcoba, y luego de unas horas, se encontraba muerto y con el cuello roto .- No imaginé la magnitud de sus poderes y de su crueldad. Mató a su propio hermano para satisfacer su apetito. Tengo que detenerla, antes de que sea demasiado tarde.

No hay comentarios:
Publicar un comentario